viernes, 20 de octubre de 2006

Fenomenología con Maturana. Deconstruyendo el Paradigma Objetivista.

Hace mucho tiempo. decía Tito Cayo Lucrecio lo siguiente:

"Si los sentidos no son veraces, toda nuestra razón es falsa".

De eso vamos a hablar hoy.

Introduciremos el tema con un párrafo extractado de un texto del biólogo y filósofo constructivista Humberto Maturana (abajo):

“Hablamos de las cosas que están ahí, fuera de nosotros: “¡El florero está sobre la mesa! decimos. ¿Cómo sabes que el florero está sobre la mesa?, “Lo veo, ¿no ves que está ahí?”. Y el que aceptamos que las cosas están ahí con independencia de nosotros se nota en los argumentos que damos al otro: “pero si está ahí, míralo, todo el mundo lo puede ver”, y todo el mundo puede ver el florero porque está ahí con independencia de lo que yo digo; yo no soy responsable de que esté ahí, pero yo puedo decir que está ahí porque veo que está ahí. ¡Ah!, esa es la actitud cotidiana. Y para este modo de estar tenemos una expresión cotidiana, esa expresión es objetividad. Somos objetivos. El ser objetivo indica que cuando uno dice que es objetivo está diciendo que lo que él dice se fundamenta externamente. Los fundamentos que van dando validez a lo que yo digo son externos a mí. Cuando a uno le dicen, eres subjetivo, lo que le están diciendo es: los fundamentos de lo que tú dices no son externos a ti, sino que están en ti. Y en esta actitud, por supuesto, desvalorizamos lo subjetivo. La objetividad, en último término, tiene su fundamento en el supuesto de que hay una realidad independiente de uno desde donde se valida lo que uno dice”.

Muy bien, pero, ¿la hay?, y si la hay, ¿podemos conocerla?, ¿podemos ser objetivos?

La extendidísima creencia en la existencia de un mundo material objetivo e igual para todos procede (en su última versión actualizada) de Descartes y más concretamente de su distinción entre mente y materia. Según Descartes, de la primera se ocuparía la religión, y de la segunda la ciencia. Con el tiempo, dicha separación deja de existir, porque la primera (mente) ha terminado por olvidarse o incluso subordenarse a la segunda (materia), es decir: durante el siglo XIX se comienza a pensar que la mente y sus procesos siguen también leyes físicas y que van a poder ser explicados por la ciencia. Por tanto, la creencia común a la mayor parte de la raza humana es hoy en día el materialismo, cuyo mantra reza así:

“Vivo en una piedra que gira en torno a una hoguera enorme. Solo creo lo que veo y toco, todo son granitos diminutos arrejuntados de distintas maneras que se mueven conforme a los designios de las leyes naturales. Además, como los granitos están muertos y son algo distinto de mi, puedo aplastarlos, modelarlos o hacer con ellos lo que me plazca”.

El ateo se queda normalmente con esta versión descarnada e intrascendente. El religioso, en general, añade que además de todo eso hay un Dios eterno que anda por ahí por el Universo que nos quiere a todos y que ha dictado un cuerpo legislativo (se lo dijo a Jesús) de lo que se debe y lo que no se debe hacer bajo pena de tener que confesarse. Por lo demás, no hay muchas diferencias (o ninguna) en la forma de vida y de percepción de la realidad de unos y otros: todos son objetivistas y son tumbados por la muerte en su piedra junto al dichoso florero.

Si hay algún lector colombiano, que no se ofenda con la puesta en duda de la existencia del florero. Tengo muy en cuenta la realidad de la vinculación de la ruptura del florero y la consecución de la independencia de su país (en la foto los restos de tan preciada reliquia del museo de la independencia en Bogotá).

Sin embargo, a raíz de la brutal caída de este paradigma en la mente de los científicos que se dedicaban a la física cuántica en los años 20 (Einstein, Heisenberg, Bohr…), y que como hemos repetido mil veces implica un planteamiento totalmente nuevo sobre los fundamentos mismos de la existencia: la inseparabilidad del sujeto observante y el objeto observado, comienza a surgir una nueva disciplina científica llamada “cibernética”, destinada a explorar las relaciones entre mente y materia, muy basada en la teoría de sistemas que se veía en el anterior post, desde donde comienza a introducirse un paradigma muy distinto del objetivista: el paradigma constructivista.

La conclusión a la que muchos físicos cuánticos, cibernéticos y filósofos de la ciencia han llegado es que no existe ninguna experiencia de la “objetividad”. Toda experiencia es subjetiva por el simple hecho de que nuestros cerebros construyen la imagen de lo que percibimos, tanto por la vista como por los otros sentidos. Así pues, es innegable que en todo momento existe una distancia entre la “realidad” y la “experiencia de realidad”. Pese a ello, como decía el antropólogo, lingüista, científico social y cibernético Gregory Bateson, “nuestra civilización sigue profundamente fundamentada en esta ilusión”.

Resulta, por tanto, que todo lo percibido como “material” (objetivo) no es más que una imagen “mental”. Por ello, es en realidad lo material lo que ha de subordenarse a lo mental, y no al contrario. Esto implica la imposibilidad de alcanzar ninguna certidumbre científica, al no existir una base objetiva sobre la que experimentar más allá de la percepción subjetiva condicionada del sujeto que experimenta. En realidad, si se quiere llegar a sus conclusiones últimas, esto implica la total imposibilidad de conocer el Universo mediante el método científico, ni siquiera una parte, porque todo cuanto percibimos es "construido" por nuestro cerebro.

Los hindúes se percataron de esto y llamaron a esa supuesta realidad que nuestra mente construye “maya”, o ilusión. Platón le dedicó a este problema el famoso mito de la caverna y casi todo filósofo, físico teórico o gurú que se precie tiene su teoría al respecto: fenómeno y noúmenos (Kant), tonal y nagual (Castaneda), tercera y cuarta dimensión (Hinton), cuerpo material y cuerpo energético (Osho), realidad y orden implicado (Bohm). En lo que casi todos coinciden es en afirmar que la ilusión depende por completo de “lo otro” (se le llame como se le llame). “Lo otro” es incognoscible directamente, pero gobierna por completo todas nuestras vidas: en esto coinciden a la perfección todos. Por ejemplo, Castaneda (el nagual es quien toma todas las decisiones) y Bohm (el orden implicado genera el fenómeno explicado).

Evidentemente, cuando hablamos de “lo otro” no pensamos simplemente en una realidad en que las nubes son moradas pero nosotros las vemos blancas, ni siquiera una realidad en la que Bisbal fuera un poeta cantautor independiente y todos lo estuviéramos interpretando mal. En realidad posiblemente absolutamente nada de “lo otro” nos sería mínimamente recognoscible, dado que la interpretación que nuestro cerebro hace de una supuesta realidad es “total”.

Por tanto, si queremos conocer la realidad, es necesario investigar el proceso de formación de la ilusión, cosa que se produce en el interior de nuestra mente. Esto tiene dos consecuencias: la primera es que no tiene sentido investigar las causas porque también son ilusorias, así que la investigación tiene que realizarse sobre la experiencia en sí, sin ninguna carga interpretativa, clasificación o intento de explicarla. Esto nos lleva a la fenomenología y a la Gestalt (que la adopta como fundamento). La segunda y más importante es que dado que la formación de la ilusión se produce en el interior de la mente, la investigación de la realidad se tiene que mover por fuerza también en el interior de nuestra mente. Esto nos lleva a las técnicas de crecimiento personal o espiritual, destinadas a llevar al terreno de la consciencia aquellos procedimientos inconscientes de formación de la imagen ilusoria del mundo, procesos que no tienen por que ser los mismos en cada individuo, por lo que no cabe la investigación científica al respecto sino solo la personal (“conócete a ti mismo”, está todavía grabado en las viejas paredes de un antiguo templo griego).

Comenzamos con una perspectiva científica (cibernética), avanzaremos ahora a una filosófica (fenomenología), seguiremos por una psicológica (gestalt) y terminaremos en una esotérica (a decidir todavía).

La Fenomenología es definida por la Wikipedia como “un método filosófico que procede a partir del análisis intuitivo de los objetos tal como son dados a la conciencia cognoscente, a partir de lo cual busca inferir los rasgos esenciales de la experiencia y lo experimentado”. Pese a que sus orígenes se pueden rastrear en Alemania en el siglo XIX, es a partir de Edmund Husserl, a mediados del siglo XX, que la fenomenología cobra carta de presencia, y es cuando el mundo se interesa por ella, y Ortega y Gasset la adopta durante un tiempo y todo eso.

Husserl considera que el objeto del conocimiento no existe fuera de la conciencia del sujeto, sino que se descubre como resultado de la intuición dirigida hacia él. Esto implica que el criterio de “verdad” se halla constituido por las vivencias personales de los sujetos. Así, la experiencia debe ser siempre descrita como se da, y nunca ser analizada, la observación del fenómeno debe ser pura, sin prejuicios ni creencias apriorísticas, debe abstraerse la cuestión de la existencia del objeto y simplemente describir las condiciones en las que se aparece a la conciencia. Siguiendo este método tenemos por ejemplo que un triángulo, fenomenológicamente hablando, son tres líneas rectas. La idea del triángulo es una imagen, un prejuicio abstracto fruto de rellenar el espacio que queda entre las líneas cuando en realidad “solo hay tres líneas”.

Prueben a resolver un test de inteligencia conforme al método fenomenológico y comprenderán la inmensa chorrada que es tratar de medir la inteligencia de un individuo basándose en sus prejuicios (continuación de series aritméticas, simetría de formas… ¿alguna conexión con la realidad?). Si quieren ver cómo se desmonta la lógica pura con argumentos fenomenológicos vean “El enigma de Kaspar Hauser” de Werner Herzog. ¿lo han adivinado? La respuesta al final del post.

Fenomenólogos como Husserl o posteriores como Merlau-Ponty consideran que la ciencia ignora el mundo de la vida (Lebenswelt), que no es sino experiencia, olvidando así sus propios fundamentos. Por ello la fenomenología entra en contradicción con la filosofía crítica (Kant), que trata de descubrir el contenido implicado en la experiencia olvidando la experiencia misma. Sin embargo, la existencia es experiencia vivida, y en consecuencia el cuerpo es el núcleo de los planteamientos fenomenológicos. Por ello, para Husserl, el estudio del ser humano no puede realizarse conforme a las ciencias naturales, dado que estas se basan en la causalidad, mientras que el fundamento de la acción humana es la intencionalidad o motivación.

El método que crea Husserl es la reducción fenomenológica, es decir, la tendencia a abstenerse de formular juicios de cualquier clase que conciernen a la realidad objetiva y que rebasan los límites de la experiencia pura (subjetiva). Se trata de estudiar las esencias de las cosas y de las emociones. La reducción fenomenológica, conforme a Husserl, no presupone que algo exista con carácter material. Hay un principio en la fenomenología que dice que percibir equivale a juzgar, porque es percibir algo como existente, pero fenomenológicamente no se puede tomar posición: no se puede ni afirmar ni negar la existencia del objeto observado, ni tampoco ponerla en duda, porque poner en duda es un acto psíquico distinto de la percepción, así que lo único que se puede hacer es poner entre paréntesis la existencia o no del objeto observado (a lo que se llama epokhé) y simplemente percibir. Husserl no admite ninguna toma de posición existencial de ningún tipo: ni afirmativa, ni negativa ni dubitativa. Es la forma de depurar la percepción, de no equivocarse. Así pues, el método fenomenológico es un método descriptivo de las vivencias de la conciencia pura (no de realidades), porque justamente es la conciencia lo único que queda tras hacer una reducción fenomenológica. Luego viene la reducción eidética, que consiste en pasar de los contenidos directos de conciencia a los contenidos esenciales: a las esencias de la conciencia pura.

Por tanto, en fenomenología desaparecen el sujeto, el acto, la cualidad del acto y el objeto: desaparece toda la realidad y queda todo reducido al mundo de los objetos ideales; la conciencia. Esto es en principio lo que fundamenta la validez universal de este método. De todas formas, aquí Ortega, en su etapa fenomenológica, criticó a Husserl indicando que la conciencia tampoco existe porque no es una realidad (“yo soy yo y mi circunstancia” implica que solo están las cosas y yo, no la conciencia, por lo que si se aplica la reducción fenomenológica no queda nada).

De todas formas, la fenomenología tiene sus ventajas (además de no acabar en “ismo”, lo que le da un especial carisma). Es un método que, al partir de la deconstrucción absoluta de todo condicionamiento, tiene la posibilidad de atinar mejor en lo “real” que todos aquellos basados en presunciones filosóficas, incluida la ciencia, que como vimos se basa en sus queridos shaping principles (el objetivismo es solo uno de ellos).

Y aquí le pasamos la palabra a Maturana para que termine de deconstruir la objetividad a partir de los conceptos de “ilusión” y “percepción”:

“Nos encontramos con dos situaciones cotidianas para las cuales tenemos dos palabras maravillosas en castellano, que son “ilusión” y “percepción”. Cuando hablamos de percepción hablamos como si aquello que decimos que vemos, que distinguimos, fuese independiente de nosotros; pero cuando hablamos de haber tenido una ilusión, lo que estamos diciendo es que tuvimos una experiencia que vivimos en el momento de vivirla como una percepción, pero que después comparándola con otra experiencia nos dimos cuenta de que no era válida. (…) Uno vive la experiencia que vive como válida en el momento de vivirla, y es solamente después, en relación con otra experiencia que puede descalificarla como un error. Esto es potente. Todo momento del vivir se vive como válido en el momento en que se vive”.

Por lo tanto, ¿existe la realidad?, y si es así ¿se puede conocer?

Maturana dice que la ilusión y el error nos muestran que no podemos validar lo que decimos a través de una pretendida referencia a una realidad independiente de nosotros. No tenemos cómo hacerlo, porque en el momento en que uno se detiene a reflexionar sobre ello, descubre que explicamos nuestras experiencias con nuestras experiencias. Maturana dice exactamente que “valido mis explicaciones con mi vivir y explico mi vivir con coherencia de mi vivir. Explicamos nuestras experiencias con las coherencias de nuestras experiencias, incluso en el explicar científico”.

Así, si descartamos la objetividad, resulta que vivimos muchos dominios de realidad, muchas “dimensiones” o como diría Castaneda, muchas distintas posiciones del punto de encaje perceptual. Es necesario aceptar que una ilusión es una experiencia vivida en un dominio que es considerada desde otro, lo que incluye evidentemente la impactante experiencia psicodélica, que desde una perspectiva fenomenológica no puede considerarse más irreal que la realidad cotidiana.

Continuaremos en el siguiente post con las impactantes aplicaciones terapéuticas del método fenomenológico: la terapia Gestalt de Fritz y Laura Perls.

Aunque aceptemos el paradigma objetivista, coincidirán conmigo en que hay veces que los límites entre realidad y ficción son bastante endebles, como demuestra esta foto de Yeltsin celebrando no se sabe si la caida del muro de Berlín o el hundimiento del rublo.

Lecturas recomendadas: - Gregory Bateson. Mind and Nature. A Necessary Unity. - Humberto Maturana. La Realidad ¿Objetiva o Construida?.

Y finalmente, la solución del ejercicio de inteligencia es la "d". Si no han acertado no se preocupen: no es que sean tontos, sino que tienen la inmensa suerte de no pertenecer al consenso perceptual lógico-cotidiano.

5 comentarios:

diabluzero dijo...

gracias! llegué aqui buscando por Maturana y me voy con la tarea de volver a releer y entender, muy bueno.

Miguel Troncoso el Lobo Muerto dijo...

Excelente... encontré un blog que comparte mis ideas

buena Caza

Anónimo dijo...

Magnífica síntesis !! Que fácil es leerte..

Qata dijo...

llegué buscando más info de fenomenología y me encontré con un super menu...bueno complejo y fácil lectura..como me gusta

Gaby Navarrete dijo...

Muy interesante la información sobre la fenomenología tienes más info, espero si. Gracias