sábado, 20 de septiembre de 2008

Gurdjieff, 2ª parte: el rayo de la creación y la máquina humana:

En éste post se intentará resumir su sistema desde los niveles externo e interno del ser humano. Primero se explicará el Universo (el rayo de la creación) y a continuación el funcionamiento del ser humano y sus posibilidades de crecimiento. Así pues, aquí llega por fin la tan esperada "explicación de todo": 

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1. La ley de tres y la ley de siete:

Conforme a la teoría esotérica, la ley de tres y la ley de siete (también llamada ley de octavas) son los principios fundamentales en los que se basa el funcionamiento del Universo. Implican lo siguiente: 

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A. La ley de tres:

Dice Ouspensky, hablando del sistema de Gurdjieff, que “todo en el mudo, todas las manifestaciones de la energía, todas las clases de acción, sea en el mundo o en la actividad humana, internas o externas, son siempre manifestaciones de tres fuerzas que existen en la naturaleza. Estas fuerzas se llaman activas, pasivas o neutralizadoras (…). Debe entenderse que no difieren la una de la otra como la actividad y la pasividad difieren en nuestro entendimiento corriente de estos términos. Las fuerzas activas y pasivas son activas, pues una fuerza no puede ser pasiva. Pero hay cierta diferencia en su actividad, y esta diferencia constituye toda la variedad de fenómenos que existen en el mundo. Las tres fuerzas trabajan juntas, pero una de ellas predomina en cada combinación., Al mismo tiempo, cada fuerza que es ahora activa, puede volverse pasiva o neutralizadora en el momento siguiente, en otra tríada. Cuando tres fuerzas se encuentran juntas, suceden las cosas. Si no sobrevienen juntas, no ocurre nada”.

Es obvio que la ley de tres es lo que Jesús trataba de explicar por medio del concepto de la santísima trinidad. Él es el hijo de Dios, y fue creado por medio de la acción de tres fuerzas: el padre (fuerza activa, o primera fuerza), el hijo (fuerza pasiva, material, resistencia al cambio) y el espíritu santo (fuerza neutralizante, resuelve el choque entre las dos primeras haciendo cristalizar a Cristo).

El sistema de Gurdjieff, tratando de adaptarse a la realidad cientificista de principios del siglo XX, describe el nivel material de las tres fuerzas por medio de un ejemplo muy bien escogido: el hidrógeno, fundamento de la vida, que se forma mediante la acción conjunta del carbono (fuerza activa), el oxígeno (fuerza pasiva) y el nitrógeno (fuerza neutralizante).

En el terreno de la acción humana, por ejemplo, la fuerza activa puede ser el deseo de un cambio en algún área de nuestra vida, la fuerza pasiva sería la resistencia interna a ese cambio. Si solo se dan esos dos factores, no puede cristalizar ninguna nueva situación: se requiere de una fuerza neutralizante, que es la emoción que surge debido a dicha acción y que es capaz de neutralizar la acción de las fuerzas activa y pasiva (la discusión mental interna) para permitirnos trabajar por el cambio. Sin dicha emoción, lo único que hay es charla mental, sin que jamás pase nada.

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B. La ley de siete o ley de ocatavas:

En música, una octava es el intervalo entre dos frecuencias en relación de dos a uno. Así, por ejemplo, una octava media entre el La5 a 880 Hz y el La4 a 440 Hz. Ambos tonos se perciben como el mismo por el oído humano, solo que uno más agudo y el otro más grave. Todas las escalas occidentales se inscriben en la octava, que se caracteriza por la asimetría entre sus tonos: Entre las notas de una escala mayor media un tono, salvo entre la 3ª y la 4ª y entre la 7ª y la 8ª, donde media un semitono. Puede parecer que el estudio de la música es algo pequeño en comparación con el Universo, pero siendo que la mayoría de físicos coincide en afirmar que la materia es energía en movimiento (campos electromagnéticos), el estudio de la música y de sus octavas equivale a un estudio del universo.

Conforme a Gurdjieff, la ley de siete significa que ninguna fuerza trabaja jamás continuamente en la misma dirección, lo que se fundamenta en los dos intervalos que hemos comentado que hay en toda octava. Si al llegar a un intervalo no entra un choque adicional, la octava cambia de sentido.

Esto explica la ausencia de líneas rectas en la naturaleza. Las plantas, por ejemplo, crecen conforme a la secuencia de Fibonacci, que es una manifestación matemática de la ley de octavas. Las espirales que las octavas forman al cambiar de dirección son observables tanto en los moluscos como en las galaxias. Y además Fibonacci descubrió la secuencia estudiando los patrones de reproducción de los conejos, lo que parece indicar que se trata de un patrón universal. A continuación, la espiral de Fibonacci:

¡Espirales!, ¡todo son espirales!, (el matemático de "Pi", de Darren Aronofsky)

A nivel humano, dice Ouspensky, “las personas comienzan a hacer algo, y luego de un tiempo, sin ninguna razón visible, sus esfuerzos disminuyen, el trabajo mengua, y si en un momento dado no se efectúa algún esfuerzo especial, la línea cambia su dirección”.

Así pues, la ley de tres explica la creación y la ley de siete explica la evolución.

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2. El rayo de la creación:

Llegados a este punto, puede explicarse el funcionamiento del Universo conforme a las citadas leyes.

En primer lugar se introduce el concepto del “Absoluto”, que es la totalidad, el Universo en sí mismo como una unidad. El Absoluto tiene una sola ley, y una voluntad que genera el rayo de la creación, en el que se incluyen todos los mundos.

El sistema se puede explicar con el ejemplo del ser humano, en el que conviven los mundos de los tejidos y los órganos, pero también el de las células, el de sus componentes químicos y, finalmente, el mundo atómico o subatómico. El ser humano tiene control sobre sus brazos y piernas, pero no sobre las células de la punta de la nariz, que se hayan preordenadas a un orden muy inferior al humano.

Del mismo modo, el Absoluto no tiene ningún tipo de control sobre nosotros, somos para él como las células de nuestro cuerpo. Su voluntad se limita a la creación del siguiente nivel, que equivale a la totalidad de galaxias. Si al absoluto lo rige una ley, al siguiente mundo lo regirán tres (ley de tres), y al siguiente esas tres más otras tres introducidas por el siguiente nivel, de forma que la relación entre cada nivel es también de una octava (relación de 2 a 1, como en los hertzios de la octava musical). Así, tenemos el siguiente cuadro:

Donde el número de cada mundo se corresponde con el número de leyes que lo gobiernan. El absoluto se halla tanto al principio (todo), como al final (nada) del rayo de creación. La dualidad "todo-nada", en cambio es una falsa dualidad: ambas cosas son lo mismo.

Nótese que incluso la nota musical Sol coincide con nuestro Sol en su nivel en la octava. Si introducimos en este cuadro los intervalos de la octava descendente (los momentos donde, si no recibe ayuda, la octava cambia de dirección o se estanca), tenemos que el primero está entre el Absoluto y las Galaxias (7ª y 8ª), y que el segundo se halla entre la Tierra y Los Planetas (3ª y 4ª).

El primer intervalo es llenado con la voluntad del Absoluto. La octava continúa descendiendo hasta los planetas, que para relacionarse con uno de ellos (la Tierra, en nuestro caso), necesitan de un choque adicional. Este choque, conforme a Gurdjieff, es la vida orgánica, que siendo en sí parte de La Tierra, actúa de pantalla de recepción y transmisión de las influencias del resto de planetas. Al mismo tiempo, la vida orgánica alimenta a la Luna, al igual que el Sol alimenta a los planetas (piénsese que todo lo que comemos viene en último término del Sol). Cada nivel se alimenta del anterior. Todo cuanto vive, por tanto, sirve a la Tierra y a los planetas, y todo cuanto muere sirve a la Luna.

La comunicación en los niveles funciona como la comunicación entre las partes de nuestro organismo. Si el ser humano desea influenciar un tejido, lo tendrá que hacer a través de las células, puesto que el tejido, a pesar de ser un mundo diferente del de las células, está compuesto de éstas. De la misma manera, el Absoluto debe actuar sobre las galaxias por separado con objeto de influenciar el mundo que conforma el tejido completo de galaxias. Así, este particular “tráfico de influencias” se organiza como sigue:

1º. Carbono (Fuerza activa del mundo 1 –Absoluto-).

2º. Nitrógeno (Fuerza neutralizante del mundo 6 –todas las estrellas-).

3º. Oxígeno (Fuerza pasiva del mundo 3 –todas las galaxias-).

Ese es el orden en que deben estar las materias para que se produzcan los fenómenos (cualesquiera). En segundo lugar, el nitrógeno debe retornar a su puesto original (3º) para iniciar la siguiente tríada como carbono. Así, las estrellas de nuestra galaxia, para influenciar al Sol, deben necesariamente a travesar los planetas. Piénsese que vemos al sistema solar moverse a pequeña velocidad, pero ello se debe únicamente a que la velocidad en la Tierra es muy lenta. El sistema solar es realmente como un átomo, y la masa de electrones cubre completamente su núcleo actuando de pantalla. Si las estrellas desean influenciar al Sol, deben hacerlo a través de los planetas.

1º. Carbono (Fuerza activa del mundo 6 –estrellas-).

2º. Nitrógeno (Fuerza neutralizante del mundo 24 –planetas-).

3º. Oxígeno (Fuerza pasiva del mundo 12 –Sol-).

La siguiente tríada, iniciada por los planetas, no puede fluir automáticamente al hallarse un intervalo (entre la Tierra y Los Planetas: de “mi” a “fa”), de manera que interviene la vida orgánica, quedando la tríada así:

1º. Carbono (Fuerza activa del mundo 24 –planetas-).

2º. Nitrógeno (vida orgánica de La Tierra).

3º. Oxígeno (Fuerza pasiva del mundo 48 –La Tierra-).

Fruto de la acción planetaria sobre la vida orgánica tenemos gran parte de las actuaciones humanas. Gurdjieff dice que por lo general los planetas solo influyen en las masas, siendo los individuos demasiado débiles para sentirlas. Así, los Romanos ya documentaron las influencias de Marte, Venus, Júpiter… asignándoles comportamientos humanos, y los mayas, conscientes de las influencias planetarias en sus actividades (agricultura, comercio…) desarrollaron un calendario ultracomplejo compuesto por los ciclos de todos ellos (nuestro calendario es únicamente solar, un juego de críos al lado del maya).

La cuarta y última tríada la inicia la vida orgánica cuando muere, sirviendo de alimento a la Luna:

1º. Carbono (vida orgánica de La Tierra).

2º. Nitrógeno (Fuerza neutralizante del mundo 96 –Luna-).

3º. Oxígeno (Fuerza pasiva del mundo 48 –La Tierra-).

De manera que el rayo de la creación alcanza al ser humano de muy diversos modos: además de la influencia directa del Sol (influencia que vemos todos los días cómo la vida orgánica transforma), la influencia planetaria y la lunar (más sutiles) nos llegan directamente.

De momento vemos que hay 4 tríadas, cada una de las cuales da como resultado un hidrógeno determinado. Gurdjieff dice que dichas tríadas se corresponden con los cuatro puntos fundamentales del Universo: el Absoluto, el Sol, la Tierra y la Luna. Entre cada uno de ellos existe también una octava, y por medio de cálculos simples pero largos de contar, alcanza una tabla de hidrógenos que describen el mundo material. Dichos hidrógenos median entre el H1 del absoluto (materia sometida a una sola ley) y el H12288 de la luna (el más bajo de los hidrógenos en el rayo de la creación, sometido a 12.288 leyes). Esto será de vital importancia enseguida.

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3. El funcionamiento de la máquina humana:

El ser humano se diferencia del resto de seres orgánicos porque está creado para ser auto-evolucionante. Esa es su finalidad específica dentro del cómputo general de la vida. Por lo demás, y de no emprender dicha evolución, el ser humano es idéntico, e incluso generalmente está menos desarrollado que el resto de seres vivos (Ouspensky).

La ley de tres y la ley de siete se aplican exactamente igual al funcionamiento del hombre (Gurdjieff lo llama la “máquina humana” para adaptarse al mecanicismo, doctrina científica profundamente dominante a principios del siglo XX). Estudiar al hombre es, en ese sentido, igual que estudiar el Universo.

Como hemos visto, el ser humano, como vida orgánica, se halla bajo las influencias inferiores de la Luna y bajo las influencias de los planetas y del Sol, pero generalmente actuamos guiados por las influencias lunares, que son mecánicas: ese es el largo sueño humano. Por tanto, el desarrollo del ser consiste, fundamentalmente, en liberarse de dichas influencias inferiores y abrirse a las superiores. Nuestra posición en el Universo es realmente mala, pero Gurdjieff señala que podría ser peor: en la Luna ni siquiera hay posibilidad de desarrollo: todo es mecánico. Cuando se comprende la enorme cantidad de leyes a las que estamos sometidos, “cuando se comprende que se está en prisión, lo único que uno puede pensar seriamente es cómo escapar”.

Al abrirnos a una influencia superior, nos liberamos de las leyes de la influencia inferior, que siempre son más. Como ejemplo de las leyes que afectan al ser humano (las 96 de la Luna, las 48 de la Tierra, las 24 de los planetas…), tenemos las leyes físicas y químicas que no podemos en principio vulnerar (temperatura, humedad, composición del aire, tipos de comida digeribles…), pero también hay otras leyes que pueden ser superadas en el camino de desarrollo, por ejemplo: la ley de la ignorancia (no nos conocemos), de la identificación, de la mecanicidad… Una persona enferma está bajo más leyes que una sana (tiene que obedecer a su médico o ir al hospital y estar bajo su reglamento). Para librarse de una ley, es preciso conocerla, y una vez nos libramos de ella, aparecerá otra, y otra, y otra. El único modo de librarse de una ley es ponerse bajo otra ley procedente de una influencia superior. Como se puede observar, el concepto de ley es algo que engloba todo cuanto nos limita.

Y ahora, por fin, sobre la forma de liberarse de dichas leyes.

La máquina humana funciona en tres niveles consumiendo comida, aire e impresiones. Todas estas materias son hidrógenos. Los distintos estados de la materia/energía son fruto de las leyes a que está sometido dicho hidrógeno. Así, por ejemplo, el H768 representa toda la comida que comemos, el H384 es el agua, el H192, más sutil, el aire que respiramos y los H48, H24, H12 y H6 representan las diferentes calidades de impresiones que recibimos (las impresiones también son materia). Otros hidrógenos no nos sirven, como el H96 (fuego). Los hidrógenos que provienen de planos inferiores, están sometidos a más leyes, y viceversa, siendo el alimento más sutil que el ser humano puede llegar a obtener el H6, procedente de la galaxia. Dichos hidrógenos sutiles no pueden ser medidos por la ciencia; ésta puede únicamente medir sus efectos psicológicos, el rastro que dejan al pasar. Por lo demás, no conoce nada más allá del H48.

El hombre puede considerarse como una fábrica química que recibe materia prima de afuera y la transforma en otros materiales de calidad más fina. Las tres clases de material que obtiene son comida (H768), aire (H192) e impresiones (H48, H24, H12 y H6), estas últimas dependiendo del grado de apertura de la conciencia del ser particular: si es burdo, todas sus impresiones son H48: que son las incoloras impresiones corrientes, sin carácter alguno. La comida se recibe en la parte baja del organismo, el aire en la media y las impresiones en la alta (los tres niveles de la fábrica humana).

A partir de estas clases de material, el organismo produce todas las materias necesarias para el trabajo de los centros, pero también las gasta todas. El desarrollo del hombre, consecuentemente, depende de la capacidad de almacenaje de las materias superiores producidas por su máquina. Cada uno de los tipos de alimento tiene su propia octava ascendente durante la cual se va refinando: la octava del alimento, la octava del aire y la octava de las impresiones.

La comida entra por el piso superior (boca) y pasa a la planta baja como Oxígeno 768 (fuerza pasiva, material). Allí se encuentra con cierto Carbono 192 y se convierte en Nitrógeno 384 (vemos cómo la tríada sigue el mismo patrón que en el Universo). A su vez, dicho Nitrógeno 384, actuando como Oxígeno 384, se encuentra con un Carbono 96, y se transforma en Nitrógeno 192. Son las tríadas de una octava ascendente: dichos procesos representan las notas do, re, mi.

Hasta cierto punto la ciencia puede observar éste funcionamiento: Así, cuando el alimento entra en la boca, se encuentra con varias clases diferentes de saliva y se mezcla con ellas en el proceso de masticación; luego pasa dentro del estómago y es trabajado por los jugos gástricos, que desintegran azúcares, proteínas y grasas. De ahí va a los intestinos y se encuentra con la bilis, los jugos pancreáticos e intestinal es, que lo transforman en los elementos más pequeños. Éstos atraviesan la pared del intestino dentro de la sangre venosa, que es llevada hasta el hígado, donde se encuentra con otras sustancias que la cambian químicamente. De ahí vuelve a la sangre y va al corazón, donde entra en juego la oxigenación de la sangre (octava del aire) y permite a dicha sustancia superar el intervalo de su propia octava. De esta forma, la sangre venosa es mi 192 y la sangre arterial es fa 96 (se ha producido un choque que supera el intervalo entre mi y fa).

De esta forma, las tres octavas se van ayudando mutuamente a superar los intervalos, y el proceso de refinamiento de sustancias en un ser humano es como se muestra en el siguiente cuadro:

Impresiones: do48,

Aire: do192, re96, mi48.

Alimentos: do768, re386, mi192, I fa96, sol48, la24, si12.

I  corresponde al choque inconsciente que la octava del aire le da a la de los alimentos para que continúe evolucionando. 

El problema es que la octava de las impresiones, por si misma, no va más allá de las impresiones do 48 que entran, porque en su lugar de entrada no hay Carbono 12 que las ayude. Así, do 48 no se transforma y las tres octavas se detienen. La octava del aire, por su parte, sólo llega hasta mi 48 y allí se detiene. La octava de los alimentos alcanza si 12 debido, como se ha dicho, a la intervención de las sustancias del aire (re 96). Este es el estado productivo de la máquina humana en condiciones normales.

Y aquí viene la posibilidad de desarrollo humano, que tiene que ver con dos choques conscientes. El primero de ellos hay que darlo en do 48; se trata de traer al punto de entrada de las impresiones el Carbono 12 necesario, que está en nuestro organismo pero lejos. Ello se consigue mediante el recuerdo de sí mismo, la observación, la no identificación... Lo que se busca es un estado emocional de consciencia. Recordándose uno mismo en su propia esencia, el Carbono 12 sube hasta la planta superior y se mezcla con las impresiones para generar estados emocionales más sutiles: re 24 y mi 12. Por ejemplo, con ayuda de la risa, muchas impresiones 48 pueden transformarse en 24, las impresiones elevadas solo pueden generarse desde el centro emocional, jamás desde el motor o el intelectual. Se trata de lograr una existencia emocional sutil, que posibilita que la octava del aire reciba un choque adicional (mi 12 de las impresiones ayuda a mi 48 del aire a transformarse en fa 24) y sea capaz de desarrollarse incluso hasta la 6 (la materia 6 es el máximo refinamiento posible por la máquina humana).

Impresiones: do48, C re24, mi12.

Aire: do192, re96, mi48, I fa24, sol12, la6.

Alimentos: do768, re386, mi192, I fa96, sol48, la24, si12.

Un segundo choque consciente puede ser dado en mi 12 de las impresiones y si 12 de los alimentos. Mi 12 son las emociones corrientes con ciertos grados de intensidad. Sin embargo, las emociones fuertes habituales del ser humano son todas emociones negativas, y son re 24. El segundo choque consciente tiene que ver con el trabajo sobre las emociones negativas y su conversión en positivas. Esto solo es posible tras un largo trabajo, cuando se puede estar consciente de uno mismo durante largo tiempo y cuando el centro emocional superior ha comenzado a trabajar. Entonces, el funcionamiento de la máquina humana en un ser completamente desarrollado es como sigue:

Impresiones: do48, C re24, mi12, C fa6.

Aire: do192, re96, mi48, I fa24, sol12, la6.

Alimentos: do768, re386, mi192, I fa96, sol48, la24, si12. C do6.

Puede verse claramente que éste sistema describe la Alquimia interior del ser humano: la transmutación de los metales bajos en metales preciosos (materia 6, correspondiente a las influencias de la galaxia).

De manera que la búsqueda de la piedra filosofal nunca estuvo fuera del propio ser humano.

Para quien quiera más:

- Ouspensky, Piotr D. El Cuarto Camino.

- ya se trató a Gurdjieff en un post anterior.

5 comentarios:

morris dijo...

gracias por tu resumen del rayo de creación, las octavas y la tabla de hidrógenos. muy útil.
un saludo
alejandro

José Clemente dijo...

Bueno, debo decir que agradezco el que hayas subido esta nota sobre el pensamiento de Gurdjieff en temas tan ríspidos pero a la vez sumamente importantes en su trascendia. Personalmente me vino como anillo al dedo sin haberlo imaginado previamente, por lo que lo "mecanicista" a veces resulta ser muy gratificante para el espíritu no solo para el cuerpo físico, claro, transmutación de por medio (o refinamiento) o procesos cognitivos varios, todos a lo largo de un camino de vida, a veces obcesivamente transitado incluso tercamente. Pero sea como sea, esta nota llega cuando por fin entiendo lo que quería entender hace 40 años atrás, Asi que reitero mi agradecimiento que fundamente ya bastante. Un cordial saludo; José Vázquez

orecser dijo...

oooooh con que de eso se refería cuando menciona sobre la luna!!!!....

Anónimo dijo...

siendo asi...entonces se algo importante; ahora mis tareas se definen con mas claridad: de veras que voy a aprender solfeo y ya, tan importante era si.
comparto una experiencia: yo experimente mi12, quiero cristalizar ahi e ir a por fa6 !!
aupa la alquimia
gracias por la publicacion

Anónimo dijo...

Para Gurdjieff la Alquimia es "trabajo de mujeres y juego de ninos".