lunes, 8 de enero de 2007

Terence McKenna y la revolución psicodélica

Una vez, preguntado sobre su propio papel en la historia, McKenna contestó: “Si estoy en lo cierto, soy Newton... si no, estoy loco”.

Terence McKenna es un filósofo trascendentalista y sin duda uno de los mayores promotores de la cultura psicodélica en los años 90. De hecho en una ocasión, el propio Tim Leary le pasó la antorcha reconociendo que él era el verdadero Leary. Lo que Leary hizo con el LSD en los 60 y los 70, McKenna lo replicó con “el hongo”, que no es otro que la Stropharia Cubensis portadora de la psilocibina, la sangre de los dioses (teonanacatl), además de desarrollar una teoría escatológica y un plan eco-psicodélico de escape de nuestro terrible futuro.

Tim Leary decía que el LSD es una sustancia que produce ocasionalmente comportamientos psicóticos en la gente que "no lo ha tomado". Esa misma gente lo persiguió y encarceló por posesión de marihuana que la policía había introducido antes en su coche.

A continuación procederé a resumir brevemente algunas ideas de Terence McKenna, pese al amplio espacio material que abarcan:

“El hongo” llegó a nuestro planeta hace aproximadamente 40 millones de años. No hay rastro fósil anterior a esa fecha. La ciencia ortodoxa dice que esto es debido a la poca resistencia del hongo, sin embargo, existen fósiles de gusanos y otros invertebrados marinos datados cerca de los mil millones de años. McKenna introduce la hipótesis de que viniera del espacio. Por un lado, esto es lo que la propia seta le explicó en el curso de una de sus “dosis heroicas” de 5 gr en completa oscuridad y silencio, pero por otro lado resulta que las esporas de setas son capaces de sobrevivir en el espacio exterior casi eternamente y necesitan poco más que una atmósfera para propagarse (algo con lo que cuentan muchos planetas descubiertos). Se trata de una estrategia biológica que puede tomar millones de años, pero es el mismo principio mediante el cual las plantas migran a un desierto a través del océano. Así, se trata de una hipótesis no inmediatamente falseable, por lo que Karl Popper permitiría su pervivencia en el sistema como “ciencia”. Además, esto explicaría el carácter extremadamente “extraterrestre” de las visiones que este enteógeno produce.

Hace unos 15.000 años, una glaciación hizo desaparecer las selvas del norte de África y el hombre tuvo que variar su dieta alimenticia para adaptarse a la vida en la sabana. Allí, en las grandes llanuras africanas, siguiendo la pista del ganado, terminó descubriendo la seta (que gusta de crecer precisamente en los excrementos). Los efectos del consumo de hongos psilocíbicos se demostraron evolutivamente superiores en tres ámbitos: en primer lugar, pequeñas dosis amplifican los sentidos y la coordinación, por lo que esto se utilizaría para la caza. En segundo lugar, dosis más altas actúan como un catalizador lingüístico imaginativo-creativo, lo que llevó a la invención del lenguaje, el arte, la música… y al mismo tiempo eliminan las barreras del ego, lo que llevó a un sentimiento de comunidad más elevado; además, el potencial sexual llevaría a la celebración de orgías (cuánto lamento disentir de McKenna en este punto). La estructura de dominación masculina se rompió también en parte porque en una sociedad orgiástica, los hijos no son de nadie, sino “del grupo”, mientras que la monogamia está pensada para que el padre identifique lo que es suyo: mi hijo, mi mujer, mis armas, mis herramientas de trabajo...

Esta es precisamente la explicación más plausible del monolito de “2001, una Odisea del espacio” como catalizador de inteligencia y lenguaje: el monolito es “el hongo”, redescubierto por nosotros en la era de HAL y los astronautas.

McKenna postulaba la posible existencia de una sociedad orgiástica, impregnada de los valores de comunidad, creatividad, altruismo y no violencia viviendo en armonía con la naturaleza y rindiendo culto a la “Diosa” fuera de las estructuras del tiempo, antes de la historia, antes de la esclavitud, antes de la propiedad, los ejércitos permanentes, la dominación… antes de Eurovisión y de los informativos de Telemadrid. Este lugar era el Edén. Las mitologías religiosas nos hablan siempre de este lugar, que podría haber sido en realidad un “estado de conciencia”.

Hace unos 12,000 años, sin embargo, los cambios climáticos de la época hicieron que se secara la sabana, eliminándose así los hongos de la dieta humana, dando como resultado un conjunto de cambios en nuestra especie que nos devolvieron a las brutales estructuras sociales pre-hongo, las cuales habían sido modificadas y/o reprimidas con el uso de la psilocibina, solo que ahora volvíamos con el lenguaje y otros conocimientos en la construcción de herramientas, adquiridos de esta. De modo que el hombre cayó directamente del Edén a la guerra de Irak, Salsa Rosa y el Reggaeton, los tres enemigos del ser humano según McKenna: Hegemonía, Monogamia y Monotonía.

La consecuencia, el culto al Ego, nos la explica mejor el propio McKenna en una conferencia en el Camden Center:

“Todos los primates tienen las llamadas "jerarquías de domino masculino". Esto significa que, el mono de colmillos más largos, el más hijo de puta de la tribu, es el que toma control de los recursos del grupo, las hembras, los machos más débiles, y es quien dirige el show, y, esto, es de hecho lo que sucede hoy en día. (…). Realmente creo que la razón por la que poseemos el lenguaje, y nociones como comunidad, altruísmo, lealtad, hermandad y esperanza —nociones que reconocemos como humanas y que nos ennoblecen— es porque durante un período de aproximadamente unos cien años, nos automedicamos con estas plantas y suprimimos la venenosa presencia de ese tumor calcáreo llamado Ego. El ego es la estructura psicológica que nos lleva de cabeza al infierno. Los problemas que acosan al mundo moderno y que continúan sin resolverse pueden achacarse al ego, a nuestra incapacidad de conectar emocionalmente con las consecuencias de lo que nos hacemos a nosotros mismos, los unos a los otros, al mundo. Nuestros periódicos se llenan de datos sobre los agujeros de ozono, de vida plactónica en peligro de extinción, de vertidos tóxicos acumulándose, etcétera —en verdad, ya os sabéis toda la retahíla. Pero, pienso, la raíz del problema está en el ego. Y creo que tenemos este problema porque hemos caído en un estilo histórico que suprime, niega e ignora el poderoso potencial de las plantas psicodélicas para transformar personalidades, borrar límites, y fundir a la gente en un único organismo pensante. De esto es de lo que trataba el tribalismo nómada del pasado”.

Lo que nos lleva al mundo en el que actualmente vivimos, un mundo en el que la dominación masculina sobre la madre tierra ha llegado a niveles tan extremos que nos hallamos al borde de una catástrofe planetaria. McKenna dice que “la presente crisis mundial es mucho más profunda que cualquier otra crisis previa; de ahí que nuestras soluciones deban ser igualmente drásticas (…) Necesitamos un cambio perceptual a la hora de encontrar nuestro camino en este mundo. Cuando el mundo medieval cambió su punto de vista, la secularizada sociedad Europea buscó su salvación en la revitalización de las aproximaciones de la Grecia Clásica y Romana a las leyes, la filosofía, la estética, la planificación ciudadana y la agricultura. Nuestro dilema nos transportará bastante más atrás en el tiempo en búsqueda de nuevos modelos y respuestas: nos llevará 15.000 años atrás, a la sabana africana regida por el culto al hongo”.

El proceso empieza por dejar que la naturaleza se legitime a sí misma. Todas las plantas debieran ser declaradas legales, y por ende, todos los animales. La noción de plantas y animales ilegales es detestable y ridícula.

Continuando en sus palabras, “la solución al malestar moderno, incluyendo las dependencias químicas y las psicosis y neurosis reprimidas, es la exposición directa a las auténticas dimensiones de riesgo que representa la experiencia directa con plantas psicodélicas. La posición pro-psicodélica es claramente anti-droga. Las drogodependencias son el resultado de un comportamiento obsesivo habitualmente no examinado; estas son, precisamente, las tendencias que mitigan las plantas psicodélicas. Las plantas alucinógenas disuelven hábitos y apuntan hacia un punto de vista más amplio, menos egocéntrico y más cimentado que el individual. Lo que yo llamo el Revival Arcáico es el proceso de volver a despertar la conciencia y la actitud tradicional hacia la naturaleza, incluyendo las plantas y nuestras relaciones hacia ellas. El Revival Arcáico habla de la eventual ruptura del patrón de dominación masculina jerárquicamente basada en la organización animal. Cuanto más cercano se halle el grupo humano a la gnosis del mundo vegetal —la colectividad Gaiana de la vida orgánica—, más cerca se verán del arquetipo de la Diosa y de ahí a un estilo de organización social basada en el compañerismo”.

Sin entrar en más detalles de su propuesta, que está técnicamente muy desarrollada y que en algunos aspectos se está empezando a seguir (desarrollo de la energía fotovoltaica y de la energía procedente del hidrógeno, entre otras cosas), cabe indicar la necesidad de modificar el modelo económico capitalista, que presupone recursos ilimitados para el crecimiento, por otro más realista, cuestión que trataremos en otro post. McKenna resalta que “nuestra elección en cuanto a cultura planetaria es simplemente una: hazte verde o muere”.

McKenna concibe la experiencia psicodélica como salir al océano a pescar ideas en una barquita. Una vez sumergido en ese mundo de creatividad inimaginable, uno debe recordar que representa a la especie humana, y que lo mejor que puede hacer es traer ideas que ayuden a salvarlo, porque “nuestro mundo está muriendo debido a la falta de buenas ideas”.

McKenna trajo su propia “idea psicodélica” de ese mundo: la idea de que el tiempo no es siempre igual (una de las asunciones arbitrarias del viejo paradigma). Así, basándose en el I Ching y en un fractal que elaboró junto a su hermano en los años 70, llegó a la conclusión de que el tiempo fluctúa conforme a un factor: la “novedad”. La novedad es lo que distingue unos tiempos de otros, porque tras el pretendido Big Bang solo había una masa uniforme de electrones, lo más simple que se pueda imaginar, y a partir de allí la naturaleza comenzó a actuar como lo que es: una máquina de conservación de hábitos y generación de novedad; así que el tiempo no es solo “tiempo”, sino que tiene una “cualidad”: las olas de innovación creativa o conservación de hábitos, que por alguna razón van sucediéndose cada vez más rápido como una espiral conforme avanza hacia su centro. Esa es la razón de que actualmente los tiempos vayan tan rápido, cosa que todos percibimos, porque cada vez hay más novedad.

Conforme a su sistema, llegamos a un punto 0 a finales de 2012, y el propio McKenna se extrañó bastante al comprobar, cuando las traducciones estuvieron disponibles unos años más tarde, que esa es precisamente la fecha en la que termina el calendario maya. McKenna dice que en 2012 parece haber un objeto trascendental que actúa como un atractor caótico sobre la historia, de forma que vamos bamboleándonos hacia él a través de su sombra, a la que es posible acceder a través de enteógenos. Él postula que ese año es el fin de la historia, lo que no equivale a decir el “fin del mundo”, y que lo que se producirá es un cambio profundo en nuestra conciencia, un “nacimiento”. En sus palabras, aquí descontextualizadas:

“Creo que, como especie, estamos experimentando la sensación de estar en la parte más estrecha del canal del parto. Los infinitos océanos amnióticos de paz y tranquilidad, en los cuales podíamos violar, sabotear, quemar o explorar el contenido de nuestro corazón porque la tierra se nos antojaba infinita y extensa, se han ido para siempre. Ahora, tenemos el mismo sentimiento del feto que empieza a descender por el canal de nacimiento —no podemos respirar, no hay oxígeno, ni alimento... las paredes nos oprimen”.

En mi opinión, toda esta teoría del objeto trascendental, aunque coincidan el I Ching, el fractal, el calendario maya, los ciclos planetarios y las conversaciones de McKenna con el espíritu del hongo, es en realidad una metáfora ideada para explicar una realidad. Al igual que posiblemente toda la obra de Castaneda es igualmente una metáfora para explicar la necesidad y posibilidad de la liberación de la percepción y del ego, McKenna habría elaborado su propio “mito” para ilustrar el sentimiento que muchos compartimos de que “esto se acaba”, y para tratar de darle un sentido positivo, de “nacimiento”. De todas formas, creo que existe esa inexorable tendencia a elaborar mitos en cuanto te alejas un poco de la costa de la percepción “normal” del mundo bajo la acción de algún enteógeno y te hallas solo en medio de un océano de energía emocional inestable inacabable y eterno.

Y es que todo aquello es cierto. Y a partir de aquí le dejo la palabra a McKenna, que os acompañará durante un rato más con extractos de conferencias transcritas:

“La búsqueda intelectual y la búsqueda espiritual, convergen cuando se concede un valor real a lo sentido, tanto en la experiencia diaria como en la psicodélica, y se admite que ésto es la materia primaria de lo que está construida la realidad”.

“Éstas son las noticias más importantes. Si mañana aterrizaran platillos volantes en los jardines del palacio de Buckingham, esto seguiría siendo menos interesante que tu próximo viaje de DMT, porque el viaje de DMT te sucede a ti. Las otras noticias son las que transmiten la prensa, los medios de comunicación. Y es así como la mayoría de nosotros pensamos que nos llegaran las noticias de los cambios. Y no creo que sea así. Esas noticias no vendrán de la tele. Entrarán por la punta de tus pies, subirán por tus ingles, hacia tu corazón y directamente hacia tu cerebro. De ahí es de donde viene el verdadero desarrollo, y hasta que empecemos a decondicionarnos de las imágenes emitidas por la cultura dominante, seremos siempre sus criaturas, mantenidas en un estado de engaño infantil”.

“Estamos condicionados a someternos a poderosas figuras masculinas, a valorar más el mundo exterior que el interior, a perseguir el dinero, todas estas cosas, ya sabéis. Si yo no hubiera tomado psicodélicos, pensaría que la cultura es la verdad. Y no lo es. La cultura son los desechos de otra gente, los detritus de miles de años de errores; eso es lo que pienso que es la cultura”.

“Los mejores, los más brillantes, desertaron de la estructura del poder porque ésta era esencialmente un mercante de plutonio, paranoia, muerte masiva y propaganda. Sí, los valores de Occidente son insoportables. Los valores de la civilización occidental sostienen el planeta en la forma que un loco sostiene una escopeta en un templo. Por ejemplo, coge algo como el mercado libre —así llamado de forma políticamente correcta. El mercado libre significa el derecho a manufacturar y comercializar cacharros en cualquier lugar del mundo, quiero decir, que nadie podrá decir que no. No queremos el mercado libre; lo que queremos es que el comercio sea lo más difícil posible, y cuanto más tecnológicamente sofisticado sea un cacharro, debemos hacer más dificultosa su distribución, porque lo que debemos hacer —y no soy un ludita, ni un tecnófobo, sino un anti-materialista— es desmaterializar los accesorios de la cultura. Soy capaz de imaginar un mundo en donde la humanidad vive idílicamente en un naturalismo pastoral, desnudos, con cuerpos perfeccionados sin edad; una forma de vida semejante a los aborígenes del paleolítico alto; pero cuando te transportas a los cuerpos de estos seres, y estos cierran sus ojos, lo que ven son menús generados por un objeto que está en el interior de sus párpados, no más grande que una lente de contacto, y este objeto es de hecho una puerta de acceso hacia una cultura virtual, global, que es electrónicamente instantánea, multinivelada, multisensorial, tranformativa, ya sabes, una completa base de datos que puedes consultar con un solo golpe de vista. Esta es una meta tecnológica razonable. Si nos hubiésemos preocupado por ella tanto como nos preocupamos por las bombas atómicas o las enfermedades epidémicas, ya la tendríamos. Hemos ejecutado los sueños equivocados, los de paranoia, destrucción, los psicóticos y los de dominación, y lo que necesitamos son sueños que celebren la consciencia, la diferencia, la variedad; las filosofías y los puntos de vista de los últimos mil años te dejan con un potaje de ideas sin sentido, sin una explicación. Estamos completamente alienados, tan alienados de nosotros mismos que, cuando encontramos nuestras almas en el hiperespacio las confundimos con OVNIS. Esta es una alienación seria, amigos; pienso que debemos volver al reino interior, y hacer de él nuestro hogar”.

“Deberíamos vivir la vida bajo el dominio del gran "quién sabe", porque los cuentos que nos han contado son cuentos de hadas. La ciencia es un cuento de hadas, la economía es un cuento de hadas, la teoría política es un cuento de hadas, ya que nadie tiene ni idea de hacia donde se dirigen. No estamos al mando de la situación ni mucho menos. Esto, en cierta forma, es alentador, porque significa, en palabras del adusto filósofo Ripo Yang, que “preocuparse es ridículo”.

“La gente suele quejarse de que ya no queda aventura en el mundo, que carece de desafíos. Y yo os digo que “cinco gramos en la silenciosa oscuridad de vuestra casa un domingo por la tarde, y sentiréis cómo Magallanes debería tomarse un descanso”.

“La vida representa una enorme e improbable oportunidad que debe ser usada para algo, y este algo es ir a los límites y explorar”.

De todas formas McKenna no debe ser leído sino escuchado. La experiencia merece mucho la pena, es un orador absolutamente excepcional y adictivo. Se pueden encontrar horas y horas en el eMule. Por ejemplo, los dos siguientes audiolibros conferenciados:

- Original Tree of Knowledge.

- History Ends in green.

Pero también tiene libros que recomiendo aunque no he leído:

- The Invisible Landscape.

- Food of the Gods: A Radical History of Plants, Drugs, and Human Evolution.

3 comentarios:

Fata Morgana dijo...

Wow, qué post... y qué investigación. Pero me quedo con esto:
"Creo que, como especie, estamos experimentando la sensación de estar en la parte más estrecha del canal del parto. Los infinitos océanos amnióticos de paz y tranquilidad, en los cuales podíamos violar, sabotear, quemar o explorar el contenido de nuestro corazón porque la tierra se nos antojaba infinita y extensa, se han ido para siempre. Ahora, tenemos el mismo sentimiento del feto que empieza a descender por el canal de nacimiento —no podemos respirar, no hay oxígeno, ni alimento... las paredes nos oprimen”.

Hemos llegado al punto del hartazgo: es "nazco" o "muero".
Por eso creo que a pesar de todo, estamos en nuestro mejor momento ;)

Un saludo.

Anónimo dijo...

capo, gran texto... ¡

juan sanchez dijo...

Chapó por el artículo. Extraordinario. Gracias y felicitaciones.